Lo que durante meses se venía advirtiendo en Puerto Madryn hoy tiene nombre y apellido: pasajeros que compraron sus pasajes y ahora no saben qué hacer, agencias que hace tiempo dejaron de vender Flybondi y trabajadores que todavía esperan cobrar lo que la empresa les adeuda.
La situación nacional de la low cost es cada vez más complicada. Lleva 12 días sin realizar vuelos comerciales, su página web aparece caída y la Justicia ordenó embargar sus cuentas por una deuda fiscal que, con intereses y costas, ronda los $1.754 millones. Brasil, además, amplió las restricciones para la venta de pasajes de la compañía.
¿Y qué pasa en Madryn?
Saúl Cruz, agente de viajes e integrante de la Cámara Argentina de Turismo, cuenta algo que resulta especialmente preocupante: las agencias locales ya habían dejado de comercializar pasajes de Flybondi cuando la compañía todavía los mantenía disponibles en su propia página.
Incluso relata el caso de un grupo que tenía previsto viajar en septiembre y que fue avisado hace pocos días de que finalmente no volaría. Conseguir ahora una alternativa con Aerolíneas Argentinas o JetSmart significa, en muchos casos, pagar tarifas mucho más altas y asumir un perjuicio que nadie tenía previsto.
Y hay otro testimonio que estremece.
Daniel, ex piloto de Flybondi, se acogió al retiro voluntario. Según contó, debía cobrarlo en tres cuotas y recibió solamente dos. La situación, afirma, se repite entre trabajadores despedidos y otros que todavía esperan cobrar indemnizaciones o cuotas acordadas.
Daniel hoy trabaja en España. Pero su mujer y sus cuatro hijos siguen en Argentina. Y cuenta que la falta de pago de Flybondi incluso le complicó los planes para reunir a su familia.
Son dos miradas distintas sobre el mismo problema: un pasajero que necesita respuestas y un trabajador que necesita cobrar.
Y en el medio, Puerto Madryn.
Porque Flybondi no era solamente una tarifa barata: era un vuelo diario que conectaba a la ciudad con Buenos Aires, una herramienta para el turismo y una alternativa que ayudaba a ampliar la oferta aérea.
En plena temporada de ballenas, cada pasajero que no puede llegar, cada grupo que debe reprogramar y cada turista que enfrenta un costo inesperado también termina afectando a hoteles, restaurantes, agencias, excursiones y al conjunto de la economía turística local.
Mientras tanto, la pregunta queda flotando:
¿Qué pasa ahora con quienes compraron de buena fe un pasaje y no encuentran a quién reclamarle?
Y otra, quizás todavía más importante:
¿Cuánto le cuesta a Puerto Madryn perder conectividad aérea?

