Cada 20 de junio, la Argentina vuelve a mirar hacia Rosario, donde Manuel Belgrano izó por primera vez la bandera nacional en 1812. Este año, el acto central volvió a colocar al prócer en el centro del debate luego de que el presidente Javier Milei lo definiera como «el primer intelectual liberal argentino», una interpretación que generó críticas y controversias.
Más allá de las discusiones políticas actuales, la figura de Belgrano y el origen de la bandera siguen siendo objeto de análisis por parte de historiadores revisionistas que cuestionan algunos aspectos de la versión tradicional enseñada durante décadas en las escuelas.
La historia oficial sostiene que la bandera nació el 27 de febrero de 1812, cuando Belgrano la izó a orillas del río Paraná utilizando los colores celeste y blanco inspirados en la escarapela nacional aprobada pocos días antes.
Sin embargo, distintas corrientes historiográficas sostienen que la construcción del símbolo patrio fue más compleja y que los colores ya circulaban entre sectores revolucionarios desde años anteriores.
Una de las interpretaciones más difundidas señala que el celeste y blanco tenían vínculos con la Casa de Borbón, la dinastía reinante en España, particularmente a través de la Orden de Carlos III. Según esta visión, los hombres de Mayo no buscaban inicialmente una ruptura definitiva con la corona española, sino una autonomía política que mantenía formalmente la fidelidad al rey Fernando VII.
Otros investigadores destacan que los colores ya aparecían en distintivos utilizados durante las Invasiones Inglesas y en algunos cuerpos militares como el Regimiento de Patricios, lo que refuerza la idea de que la bandera fue el resultado de un proceso gradual y no de un único acto fundacional.
En este punto, incluso los historiadores revisionistas coinciden en reconocer el papel central de Belgrano. La discusión no pasa por negarle la creación de la bandera, sino por contextualizarla dentro de un proceso político y simbólico más amplio.
Por eso, mientras la historia tradicional ubica en Rosario el nacimiento definitivo de la enseña nacional, el revisionismo propone entender aquel acto como la expresión más visible de una construcción colectiva que venía gestándose desde la Revolución de Mayo y que terminaría consolidándose con la declaración de la Independencia en 1816.
A más de dos siglos de aquel episodio, Belgrano continúa siendo una de las figuras más respetadas de la historia argentina. Pero también una de las más estudiadas y reinterpretadas, en una discusión que demuestra que la historia nacional sigue abierta a nuevas miradas.
