EMOTIVO REENCUENTRO A 60 AÑOS DEL PRIMER DÍA DE CLASES EN LA QUERIDA ESCUELA N°27. HOMENAJEARON A LA PORTERA Y UNA DOCENTE DE SU ÉPOCA

El viernes 25 de abril de 2025 quedará grabado como un día especial en el corazón de un grupo de amigos que, seis décadas atrás, dieron sus primeros pasos en la vida escolar.

Con un emotivo reencuentro, recordaron aquel inicio en la entonces Escuela N°27, hoy Escuela N°84, donde comenzaron su educación primaria en lo que en ese tiempo se llamaba «Primer Grado Inferior».

El acto de volver a caminar por los pasillos de la escuela, recorrer las aulas, visitar la biblioteca y el salón de actos —con su histórico piano— fue un viaje directo a la infancia. Allí, entre abrazos y sonrisas, no faltaron las lágrimas de emoción al escuchar los acordes del Himno Nacional Argentino y el Pericón, interpretados por una de las protagonistas,”Nené” Arce, quien recordó con especial cariño que ese mismo piano había sido tocado por su madre, una figura muy querida en la historia de la escuela.

Durante el encuentro, se rindieron sentidos homenajes a quienes marcaron sus vidas escolares. Con flores y pergaminos, reconocieron a la maestra Rosa «Rosita» Ochoa de Sastre, símbolo de vocación y dedicación, y a Inmerina Coto de Cardozo, la querida portera que durante siete años alimentó cuerpo y alma de esos niños con sus desayunos, meriendas y abrazos y que está próxima a cumplir sus 100 años de vida.

Las anécdotas no tardaron en surgir: juegos en los baldíos del pueblo, el guardapolvo blanco como símbolo de igualdad, el ferrocarril como terreno de aventuras, y la vida sencilla y feliz de aquellos años en un pueblo de calles anchas y casas bajas.

Hoy, muchos de aquellos niños peinan canas, pero mantienen intacta la capacidad de soñar y recordar con cariño una infancia que los formó no solo en conocimientos, sino también en valores. Las fotos, las risas, los recuerdos de compañeros y maestros que ya no están, crearon una atmósfera mágica que hizo retroceder el tiempo.

«Fuimos felices», coincidieron todos, emocionados. «Somos los afortunados de haber aprendido a leer, escribir… y a soñar en aquella escuela, en ese pueblo querido, donde cada recreo era un racimo de niños corriendo libres».

El reencuentro no solo fue una celebración de la memoria compartida, sino también un tributo a la educación pública, a los maestros y a los vínculos que, pese al paso de los años, siguen intactos.

Así, 60 años después de aquel primer día de clases, los protagonistas demostraron que la infancia verdadera nunca se olvida, y que los lazos tejidos en esos años permanecen firmes en el tiempo, como un mimo eterno al alma.

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