El 21 de enero de 1994 quedó grabado a fuego en la memoria de Puerto Madryn y del país. Aquella tarde de calor extremo, viento cambiante y decisiones erradas terminó con la vida de 25 integrantes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, entre ellos once menores de edad, algunos de apenas 11 y 12 años, que jamás debieron estar combatiendo un incendio.
Fue la mayor tragedia en la historia de los bomberos argentinos y una de las más graves a nivel mundial. Un incendio de pastizales, que comenzó en las afueras de la ciudad, se transformó en una trampa mortal cuando el viento dio vuelta y levantó una pared de fuego imposible de sortear. Ninguno murió quemado: todos fallecieron asfixiados, atrapados por el humo y los gases calientes.
Ese viernes Madryn vivía una tarde típica de verano. Muchos estaban en la playa cuando, pasado el mediodía, una columna de humo comenzó a elevarse a unos 15 kilómetros de la ciudad, cerca de la rotonda de acceso por Ruta 3, en un campo lindero perteneciente a Ana Gallastegui. El aviso llegó a la policía y, a las 14:30, el llamado activó al cuartel de bomberos.
Dos dotaciones salieron primero, a cargo de Daniel Zárate y Cristian Meriño. Avanzaron campo adentro, atravesando la vegetación seca de la meseta patagónica: jarilla, piquillín, coirón, molles y pequeños algarrobos, un combustible natural perfecto para el fuego. Dos horas después llegó el tercer grupo, comandado por el suboficial principal José Luis Manchula, de 23 años, quien ese día era la máxima autoridad presente en el cuartel.
Ese grupo llevaba consigo la marca más dolorosa de la tragedia: menores de edad, algunos niños, con equipamiento precario, overoles, botas de goma y hasta ojotas. Cinco handies para comunicarse. Nada más.
Cuando comenzaron a combatir las llamas, la temperatura rondaba los 29 grados y el viento ya había aumentado su velocidad. A las 17:20, una ráfaga de casi 40 km/h cambió abruptamente la dirección del fuego. Las llamas crecieron hasta los seis metros de altura.
Desde otro sector, el sargento Julio Laportilla intentó comunicarse por radio. Meriño respondió: estaban bien. Del grupo de Manchula, silencio. Minutos después llegó el pedido de auxilio. Laportilla intentó avanzar, pero el fuego lo obligó a retroceder. Creyó —con la esperanza como única aliada— que habían logrado escapar. No fue así.
Entre las 18 y las 18:15, los radiotransmisores captaron los últimos pedidos de ayuda. El informe pericial consignó que el último llamado correspondía “probablemente a la voz de un menor, con marcada desesperación”. Después, nada. El grupo fue declarado desaparecido.
La madrugada fue de angustia colectiva. El peor temor se confirmó a las 7:30 del sábado 22, cuando una patrulla encontró vehículos calcinados, animales muertos y, poco después, los cuerpos. Los 25 estaban esparcidos en el campo, a poca distancia unos de otros.
Las víctimas fueron:
José Manchula (23 años), Marcelo Miranda (11), Carlos Hegui (12), Cristian Zárate (14), Lorena Jones (15), Néstor Dancor (15), Juan Moccio (15), Paola Romero (17), Andrea López (15), Ramiro Cabrera (16), Juan Passerini (16), Alexis González (22), Andrea Borreda (18), Leandro Mangini (18), Enrique Rochón (19), Jesús Moya (20), Cristian Meriño (21), Daniel Araya (21), Gabriel Luna (21), Cristián Llambrún (21), Juan Zárate (22), Alicia Giúdice (22), Marcelo Cuello (23), Raúl Godoy (23) y Mauricio Arcajo (12).
La ciudad quedó paralizada. Veintitrés féretros fueron velados juntos en el Gimnasio Municipal. Dos familias optaron por despedidas privadas. El domingo, una caravana interminable acompañó los cuerpos hasta el cementerio. Madryn entera lloró a sus bomberos.
La causa judicial se cerró tres veces. Hubo indemnizaciones tardías, parciales y en bonos. Nunca hubo condenas penales. Con los años llegaron las muertes silenciosas: padres quebrados, suicidios, familias devastadas.
La tragedia, al menos, dejó cambios: se prohibió la participación de menores en emergencias, se modificaron protocolos y el 21 de enero fue declarado Día del Mártir Bombero Voluntario. Pero el reclamo sigue intacto.
Este miércoles, al cumplirse 32 años, habrá homenajes en distintos puntos de la ciudad. Flores, palabras, silencio. Y una pregunta que todavía arde: ¿quiénes fueron los responsables de que 25 chicos no volvieran a casa?


