El pasado 1 de agosto, un grupo de orcas fue registrado atacando a una cría de ballena franca austral frente a la costa de la playa Las Canteras, en el Área Natural Protegida El Doradillo, al norte de Puerto Madryn. El episodio, tan dramático como infrecuente en esta zona, fue captado por el equipo del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) en plena jornada de trabajo de campo, y suma un nuevo capítulo al complejo vínculo entre dos especies emblemáticas de la fauna marina patagónica.
En diálogo con Radio Patagonia Madryn, el doctor Mariano Sironi, director científico del ICB, brindó detalles del hecho y explicó el trasfondo ecológico de estas interacciones. “Las orcas son depredadores altamente inteligentes y oportunistas. No cazan al azar: evalúan el tamaño de su grupo y el de las ballenas antes de atacar. En este caso, se trataba de una cría con su madre. Lamentablemente, no sobrevivió”, relató el especialista.
El evento fue registrado en video por el investigador Nicolás Lewin, quien detalló que tras el aviso de los guardaparques se dirigieron a Las Canteras, pero el grupo de orcas ya se había desplazado hacia Playa Gaviotas y Cerro Prismático. Desde allí, con drones de investigación, lograron documentar su movimiento y su interacción con otros grupos de ballenas.
Aunque estremecedor para quienes presenciaron la escena desde la costa, Sironi subrayó que este tipo de ataques forma parte del comportamiento natural de las orcas. “Estos registros tienen un enorme valor científico porque nos permiten entender cómo la depredación influye en la distribución y el comportamiento de las ballenas francas australes en Península Valdés”, explicó.
UN VÍNCULO ESTUDIADO DESDE HACE DÉCADAS
La predación de orcas sobre ballenas francas en la región no es nueva. De hecho, Sironi lideró en 2008 un estudio basado en tres décadas de observaciones sistemáticas (1972-2000) en las costas de Península Valdés, que documentó 117 encuentros entre ambas especies. Si bien en la mayoría no se detectaron agresiones, en un 10% de los casos hubo ataques reales, con mordeduras y sangre visible en el agua.
Uno de los hallazgos más relevantes de ese estudio fue el desplazamiento progresivo de las ballenas francas desde la costa externa de la península hacia los golfos Nuevo y San José, probablemente como estrategia adaptativa para reducir el riesgo de depredación. Las aguas poco profundas, donde la presencia de orcas es menor y los movimientos están más limitados, ofrecen una ventaja defensiva para las madres y sus crías.
“El uso de formaciones defensivas, como la ‘roseta’, en la que las ballenas adultas rodean a las crías con sus colas hacia fuera, es una de las estrategias que observamos en las ballenas francas. Todo indica que la presión de predación ha sido una fuerza evolutiva clave para moldear su comportamiento”, agregó Sironi.
UNA OPORTUNIDAD PARA LA CIENCIA… Y UNA LLAMADA A LA CONSERVACIÓN
Aunque dramático, este nuevo registro no debe ser leído como una amenaza a las ballenas, sino como un reflejo de los equilibrios ecológicos que rigen en los mares australes. Las orcas no dependen exclusivamente de estas crías para alimentarse: su dieta en Valdés incluye lobos y elefantes marinos, y sus apariciones suelen ser esporádicas.
Lo que sí subraya este episodio es la necesidad de seguir investigando y protegiendo estos ecosistemas únicos, donde conviven especies de gran valor ecológico, turístico y simbólico. Como sostuvo Sironi, “observar estas interacciones nos permite comprender mejor cómo funciona la vida en el océano. Cada registro cuenta, cada dato suma a la conservación”.
El equipo del Instituto de Conservación de Ballenas continuará monitoreando estos comportamientos en el marco del proyecto “Midiendo Ballenas”, que este año alcanzó uno de sus récords diarios con 155 ejemplares registrados en El Doradillo.
La entrevista completa con el Dr. Mariano Sironi: (AUDIO)

La naturaleza, con toda su crudeza y belleza, nos ofrece una vez más una lección valiosa sobre el equilibrio marino. Depende de nosotros aprender de ella.


