El reciente cierre del natatorio de la “Hermandad del Escrófalo” complejo donde funciona la Escuela de Triatletas generó una reacción espontánea de parte de vecinos y usuarios, que decidieron convocarse para realizar un “abrazo simbólico” al lugar este sábado 26 a las 13 horas.
La iniciativa, de raíz emocional, surge ante la incertidumbre sobre el futuro del espacio. Sin embargo, la situación de fondo está claramente delimitada: se trata de una propiedad privada y el cierre responde a una decisión justificada del propietario.
Según informó la inmobiliaria que administra el predio, el natatorio fue cerrado por pedido expreso del dueño, luego de que se produjera un accidente con una menor dentro de las instalaciones. El objetivo fue preservar la seguridad de quienes asisten al lugar, solicitando previamente al concesionario la realización de reparaciones y mejoras en materia de seguridad.

En un gesto destacable, desde febrero de este año el propietario decidió no cobrar el cánon de alquiler, con la intención de que esos fondos se destinen a tareas de mantenimiento y adecuación. Sin embargo, hasta la fecha no se han presentado las certificaciones ni la documentación correspondiente que acrediten la ejecución de esas obras ni la existencia de coberturas y planes de contingencia.
Ante esta situación, y en cumplimiento de su responsabilidad, el propietario optó por mantener cerrado el natatorio hasta tanto se garanticen las condiciones mínimas de seguridad.
Más allá de esta realidad concreta, un grupo de personas —muchas de ellas vinculadas históricamente al uso del natatorio— expresó su deseo de preservar simbólicamente el espacio, y algunos impulsan la posibilidad de iniciar un expediente para declararlo patrimonio histórico.
Desde el club que en su momento administraba el predio, se aclaró que ya no tiene injerencia sobre el mismo, luego de haberse aprobado un canje de bienes en asamblea, por lo que sólo resta formalizar la escritura una vez finalizadas las obras del nuevo espacio deportivo en la zona de “Leopoldo Remussi”.
El caso deja a la vista una tensión común en muchos espacios con historia: por un lado, el derecho indiscutible de un propietario a disponer de sus bienes; por el otro, el apego que genera en la comunidad un lugar cargado de recuerdos y experiencias compartidas.
Pero en este caso, lo que motiva el cierre no es una cuestión económica ni estructural, sino la prioridad por la seguridad, y la necesidad de cumplir con los requerimientos básicos antes de reabrir.


