PLANETA MADRYN: DEL TACHO DE COCINA AL HUMUS: CÓMO EL COMPOSTAJE Y LA LOMBRICULTURA GANAN ESPACIO EN LA CIUDAD

En Puerto Madryn, cada vez más vecinos encuentran en el compostaje una alternativa para reducir sus residuos y devolver nutrientes a la tierra. Florencia Pérez es una de ellas. Comenzó casi de manera intuitiva, con la idea de “poner su granito de arena en el cuidado del medio ambiente”, y hoy cuenta con varias composteras activas y hasta se anima a dar charlas para contagiar la práctica.

“El compostaje es la biodegradación de los residuos orgánicos, como cáscaras de frutas o verduras, que luego se transforman en tierra fértil para las plantas”, explica. Existen dos modalidades: el compostaje tradicional y el que incluye lombrices californianas —conocidas por su color rojo intenso— que aceleran el proceso y generan el apreciado humus de lombriz.

El método no requiere grandes inversiones. Puede iniciarse en tachos de pintura bien lavados, cajas plásticas o composteras hogareñas. La clave está en alternar capas de “secos” (hojas, cartones, viruta sin químicos) con residuos orgánicos. “Con dos o tres lombrices se puede empezar, y ellas solas se reproducen. El producto final es un humus muy nutritivo que solemos comprar en viveros, pero que podemos generar en casa”, cuenta.

Además del humus, el proceso produce lixiviado, un líquido oscuro y concentrado que, diluido en agua, sirve como fertilizante líquido. “Ahí están todas las propiedades de lo que desechamos. Una parte de lixiviado en diez de agua y ya tenemos un riego natural y poderoso”, destaca Florencia.

Respecto a los tiempos, señala que el proceso varía según la cantidad de material y el uso de lombrices: “Puede tardar entre cinco y seis meses. Las lombrices ayudan a que sea más rápido. También influye cortar los restos en pedacitos para facilitar la descomposición”.

Uno de los mitos más comunes es el olor. “Si no incorporamos suficientes materiales secos, sí, puede largar olor y mosquitas. Pero con un buen manejo y revolviendo cada tanto, el compost no genera problemas”, aclara.

Florencia reconoce que empezó con un pequeño contenedor, que fue perfeccionando con ayuda de la Red de Compostaje, un espacio de formación y asesoramiento. Hoy tiene cuatro composteras en funcionamiento, donde convierte residuos en vida. “Lo importante es animarse, probar y entender que cada cáscara que no tiramos a la basura es un aporte al planeta”, resume.

La entrevista a Florencia Pérez por Radio Patagonia: (AUDIO)

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