PLANETA MADRYN: ESCUELAS CONGELADAS, VOCES AMORDAZADAS: EL COLAPSO EDUCATIVO EN MADRYN.(AUDIO)

En Puerto Madryn, cada invierno pone a prueba no solo la infraestructura escolar, sino también la paciencia —y la dignidad— de quienes sostienen la educación pública. Hoy, la Escuela N°736 funciona a medias: trece de sus aulas están cerradas porque no hay calefacción. Y no es la única. El problema atraviesa a decenas de establecimientos escolares de la ciudad y de la provincia, sin respuestas de fondo.

La comunidad educativa se reorganiza como puede. Desde hace más de 20 días, el ala norte del edificio permanece inutilizada. Las autoridades escolares se ven obligadas a convocar a estudiantes por turnos, intercalando días entre el ciclo básico y el orientado, para mantener un mínimo de presencialidad. La otra mitad de la tarea —la que no se ve— ocurre por plataformas virtuales, en pleno 2025, como si la pandemia no hubiese dejado ya bastantes heridas abiertas.

El origen del conflicto se remonta a julio de 2024, cuando una denuncia por olor a gas derivó en la intervención de Camuzzi. La revisión técnica descubrió una caldera que no figuraba en planos oficiales y un sistema de ingreso de gas con irregularidades graves. Se retiró el medidor. Comenzaron los trámites, se anunciaron obras, pero las soluciones no llegaron. Lo que sigue llegando es el frío.

Lo más alarmante, sin embargo, no es solo el deterioro edilicio: es el intento por silenciar a quienes se animan a hablar. En las últimas horas se recibió un llamado desde organismos superiores, advirtiendo que habría sanciones si se expone la situación públicamente.

La directora de la Escuela 736, Adriana López, lejos de intimidarse, decidió contar lo que ocurre, sosteniendo con firmeza que no tiene nada que ocultar. La amenaza de represalias no hizo más que confirmar la gravedad del problema.Habló con el periodista Gustavo Huentelaf por Radio Patagonia. (AUDIO)

Mientras tanto, desde el gobierno provincial se multiplican los anuncios de obras menores que no alcanzan a revertir años de abandono estructural. Pintura, arreglos de baños o cambio de vidrios no sirven de nada si una escuela no puede calefaccionarse. Mucho menos si denunciarlo implica poner en riesgo la carrera o el puesto.

Las comunidades educativas están empezando a cansarse. Y a organizarse. Padres, madres, docentes y estudiantes impulsan campañas, frases virales, asambleas, reuniones. Porque saben que lo que está en juego no es una caldera, sino el derecho básico a estudiar en condiciones dignas.

Desde el ámbito gremial, aseguran que la situación es mucho más grave de lo que se admite públicamente, pero que son pocos los directivos que se animan a hablar. “Hay miedo. Miedo a sanciones, a quedar expuestos, a quedarse solos. Pero también hay desunión. Y sin organización, no hay defensa posible. Como decía el Eternauta: nadie se salva solo”.

En Madryn, las escuelas siguen congeladas. Pero las voces ya empezaron a calentarse.

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