La “Ley Salomé” fue sancionada en Chubut como una respuesta a la falta de aprobaciones del registro de pacientes y la agencia que debe autorizar las licencias productivas.
Por primera vez en Argentina, una provincia sancionó una ley que no solo habilitará un registro local para los usuarios y cultivadores de cannabis, sino que también se permitirá la actividad industrial de los productos derivados de la planta a partir de la otorgación de licencias. Se trata de Chubut, en donde los integrantes de la Legislatura aprobaron de forma unánime la nueva normativa.
La nueva normativa de Chubut fue llamada Ley Salomé, en reconocimiento de la lucha de la activista Berta Tachek, una de las pioneras en Argentina en reclamar un acceso legal y seguro de los productos derivados del cannabis para tratar la encefalopatía que padece su hija Salomé. Si bien en el país existe una ley de cannabis medicinal que permite el autocultivo, desde la asunción a la presidencia de Javier Milei, se han frenado las aprobaciones de las solicitudes de los pacientes para el Registro del Programa de cannabis (REPROCANN).
LA HISTORIA DE BERTA THACHEK, LA MUJER QUE LOGRÓ COSECHAR CANNABIS EN UN PREDIO DE LA POLICÍA
“¿Qué cómo nos cambió la vida el cannabis? Imagínate esta escena: Salomé, mi hija, durmió durante 17 años con los ojos abiertos. Su patología no se los dejaba cerrar. Hace siete años que los cierra y está mejorando su vista. Y hace seis años que no tiene más convulsiones. No sufre más los síntomas más graves del autismo, está totalmente conectada con la vida. Hoy, con 24 años y va a zumba, va a clases de cocina, chatea con WhatsApp, integra un grupo musical, hace la vida de cualquier adolescente. Tiene por supuesto un retraso madurativo sí, pero es ella”.

La que habla es Berta Thachek, activista madrynense y madre de una joven con encefalopatía crónica de origen no evolutivo. Hace años lucha por el derecho a cultivar cannabis para uso medicinal, en su provincia.
No sólo logró que la justicia le permitiera hacerlo, primero para su hija, y después en el marco de una asociación de madres de niñas y niños y adolescentes, usuarios medicinales.
Además, la organización que lidera recibió un terreno en las afueras de #PlanetaMadryn, cedido por el estado provincial, nada menos que en las adyacencias de la división montada de la Policía.
“Al principio conseguía el aceite en Mendoza y de Córdoba, atravesando varias provincias hasta llegar a Chubut. En uno de esos viajes secuestraron una encomienda antes de llegar a Sierra Grande y terminé en un juzgado federal de Viedma.
Entonces me abrieron ¡una causa federal! Y recién ahí entendí lo que me estaba pasando: estaba en una situación grave. Entonces contraté a una abogada, que ahora es la abogada de nuestra asociación, Sol Cuyini Mariana Guzmán. Ella logró la anulación de la causa. Y la jueza que estaba haciendo en ese momento un amparo a María Eugenia Zar, que es la abuela de Joaco en San Antonio Oeste, otro usuario medicinal, me devolvió los goteros y casi que me exigió que hiciera un amparo acá en Chubut y me dio una carta de recomendación. Yo solicité el amparo y a los 8 meses me salió, soy la única mamá que lo consiguió acá en esta ciudad”.
Después de esa experiencia con la Justicia, Berta se siguió asesorando con cannabicultores, “sobre todo con uno que conocí en una jornada en San Antonio Oeste con Eugenia Zer, que estamos muy conectados con San Antonio. Ahí conocí cannabicultores de todas las edades, muchos hoy son mis amigos. El primero fue un chico de Neuquén que me dio las semillas y me enseñó a cultivar y a hacer yo misma el aceite para mi hija.
Al principio distintos chicos me guiaban por teléfono y después aprendí a manejarme con cierto conocimiento de base y videos de YouTube. Cada tanto lograba enganchar alguna jornada sobre el tema y estudiaba por mi cuenta, miraba los videos de Manuel Gúzman, por ejemplo, que es un médico español muy recomendable. Y sigo estudiando, no paro de estudiar”, cuenta con la voz entrecortada por la emoción.
Poco después de lograr el amparo, en Madryn y más allá corrió la noticia de que Berta hacía aceite y que funcionaba muy bien. “Y mucha gente que lo necesita empezó a preguntarme, a pedirme ayuda. Como no podía correr el riesgo de dar el aceite y que me quitaran el amparo, a mi abogada se le ocurrió hacer una asociación cannábica: éramos en un principio cinco mamás, cuatro abogadas, dos cannabicultores, una contadora y una secretaria”. Así, en julio de 2020, conformaron la Asociación de Cannabis terapéutico de Puerto Madryn.
“Buscamos desde un principio que cualquier madre pueda cultivar tranquila con fines medicinales, que si se sufre algún robo pueda denunciar, que no tengamos allanamientos en nuestras casas, ni causas federales y que ya no haya más presos por cultivar y lo fuimos logrando», explica Berta.
Pero una vez sorteados esos problemas empezamos a tener otros: muchísimos robos de plantas. Todo el mundo sabía que yo las tenía en mi casa y entraban a mi casa a llevarse nada más que eso. Después de varias de esas situaciones, conseguí reunirme con el intendente y el secretario de gobierno, y se les ocurrió buscar un predio donde fuera seguro, entonces nos sugieren que empecemos al cultivar en el predio de la policía montada”.
No fue fácil lograr que los agentes aceptaran que estas mujeres iban a empezar a cultivar marihuana en un territorio de la fuerza: “Tuvimos muchas reuniones, muchas dificultades hasta que logramos hacerle entender que la marihuana es la medicina que todos nosotros usamos -cuenta Berta-. Hay muchos prejuicios y la policía no tiene formación en estos temas. Cada pequeño paso es un trabajo enorme”.
Una vez que consiguieron el predio, hubo que pensar en las características del clima patagónico: “necesitábamos containers para cultivar adentro porque acá es muy frío y hay mucho viento, el clima no es bueno para las plantas. Así es que el subsecretario de Seguridad y Relaciones Institucionales del Ministerio de Seguridad de aquel entonces, Rubén Becerra, y el intendente, Gustavo Sastre, se pusieron en contacto conmigo, por esa vía llegué hasta el Gobernador y finalmente conseguimos el dinero para comprar los containers”, que ahora cumplen su función dentro el predio.
La palabra de Berta, indudablemente el ejemplo que “lo imposible tarda un poco más”. (AUDIO)



