Un vecino de Puerto Madryn recibió una tarjeta Visa YPF ServiClub del BBVA que, según relató, le fue enviada como un “obsequio”. Nunca la activó ni realizó consumos.
Sin embargo, con el tiempo comenzaron a aparecer cargos de mantenimiento, impuestos e intereses. La situación derivó en una deuda y en su inclusión en bases de información crediticia, entre ellas el Veraz y el registro del Banco Central.
El caso llegó a la Justicia y la Cámara de Apelaciones confirmó una dura condena contra la entidad bancaria. La resolución incluyó una multa civil de $10 millones, además de otras reparaciones para el damnificado.
El fallo pone nuevamente sobre la mesa una cuestión que muchas veces pasa inadvertida: recibir una tarjeta que no se solicitó, no activarla y no utilizarla no necesariamente evita que aparezcan cargos si existe una relación contractual que el banco considera vigente.
Pero en este caso, justamente, la Justicia cuestionó que la entidad hubiera podido demostrar que el cliente había contratado efectivamente la tarjeta.
Una historia que deja una advertencia para cualquiera que reciba en su domicilio una tarjeta que nunca pidió: antes de guardarla en un cajón, conviene saber exactamente qué se está aceptando.

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