La médica veterinaria y especialista en salud de fauna silvestre confirmó que la muerte de ballenatos superó los patrones habituales y que también comenzaron a registrarse ejemplares adultos y subadultos muertos. En una entrevista con el programa Modo 17, por Radio Golfo Nuevo, explicó las principales hipótesis científicas y advirtió que todavía no hay resultados concluyentes.
La aparición de ballenas muertas en las costas de Puerto Madryn y Península Valdés encendió la preocupación durante las últimas semanas. La situación no pasó inadvertida para los equipos científicos que monitorean la salud de la población de ballena franca austral, que vienen registrando una mortalidad inusual de crías y, más recientemente, de algunos ejemplares adultos y subadultos.
Para conocer qué está ocurriendo y cuáles son las líneas de investigación en marcha, el programa Modo 17, por Radio Golfo Nuevo de Puerto Madryn, entrevistó a la médica veterinaria Marcela Uhart, una de las especialistas con mayor experiencia en salud y conservación de fauna silvestre.
Uhart dirige el Programa de Salud Global de Wildlife Conservation Society para América Latina y participa del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, que registra las muertes de estos cetáceos en la región desde 2003.
UNA MORTALIDAD QUE SE SALE DE LOS REGISTROS HABITUALES
La especialista explicó que el monitoreo sostenido durante más de dos décadas permite establecer patrones de referencia y detectar cuándo se produce una situación diferente a la registrada habitualmente.
“Este año, en tema de ballenatos, se salió un poco de ese patrón”, señaló, al explicar por qué los investigadores consideran inusual la mortalidad observada durante la temporada.
La preocupación también se extendió a los ejemplares adultos y subadultos, cuya muerte es menos frecuente en el Golfo Nuevo. Uhart recordó que se registraron situaciones similares durante 2022 y 2024, aunque no se trata de eventos que ocurran todos los años.
La concentración de varios casos en pocos días es, precisamente, uno de los motivos por los que los equipos científicos consideran necesario investigar con rapidez.
BALLENATOS: UNA BACTERIA BAJO INVESTIGACIÓN
En el caso de las crías, una de las principales hipótesis apunta a la bacteria Erysipelothrix, mencionada por la especialista como posible responsable de las lesiones cuadradas observadas en varios ejemplares muertos.
Los investigadores están trabajando para confirmar su presencia y determinar si existe una relación directa entre esas lesiones y las muertes.
Sin embargo, Uhart hizo una aclaración importante: encontrar la bacteria no significa, por sí solo, que haya sido la causa del fallecimiento.
Además, explicó que no se trata de un microorganismo nuevo en la zona. Existen registros de ballenatos con muertes y lesiones asociadas a esta bacteria anteriores a 2016. Lo que debe determinarse ahora es por qué este año el fenómeno se manifestó con una intensidad diferente.
Entre las preguntas que buscan responder los investigadores aparecen las posibles variaciones en las condiciones climáticas, la temperatura del mar, las precipitaciones y la disponibilidad de nutrientes.
Por el momento, no hay una explicación definitiva sobre qué pudo haber favorecido este comportamiento.
BALLENAS ADULTAS: INVESTIGAN UNA POSIBLE RELACIÓN CON LA MAREA ROJA
En los ejemplares adultos y subadultos, la investigación se encuentra en una etapa inicial. La principal hipótesis de trabajo está relacionada con las floraciones algales nocivas, conocidas como marea roja, que pueden producir toxinas capaces de afectar a los animales que se alimentan en el mar.
Uhart recordó que durante 2022 y 2024 se registraron episodios de mortalidad de adultos y juveniles vinculados con eventos de este tipo.
La especialista explicó que, cuando comienza la primavera, las ballenas vuelven a alimentarse en la zona después de un período en el que las madres pasan gran parte de su tiempo amamantando a sus crías. Si consumen plancton contaminado con toxinas, podrían intoxicarse.
Por eso, los equipos científicos están analizando tanto el alimento disponible en los sectores donde se alimentan las ballenas como el contenido de los ejemplares muertos.
En estos trabajos participan especialistas del Laboratorio de Fitoplancton del Instituto de Investigación de Hidrobiología de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, con sede en Trelew, y del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), en Mar del Plata, donde se realizarán estudios vinculados con las biotoxinas.
El objetivo es determinar si las ballenas estuvieron consumiendo plancton tóxico y si existen toxinas en sus organismos que permitan explicar las muertes.
Por ahora, se trata de una hipótesis que debe ser confirmada mediante análisis.
¿HAY UN RIESGO PARA LAS PERSONAS Y OTRAS ESPECIES?
Uno de los puntos más importantes de la entrevista fue la advertencia frente a la circulación de versiones que atribuyen el fenómeno a una supuesta contaminación generalizada del agua del Golfo Nuevo.
Uhart explicó que la bacteria investigada en los ballenatos es común en el ambiente marino y que, hasta el momento, no hay indicios de que otras especies que habitan el golfo estén atravesando un problema sanitario similar.
“Mi recomendación general sería que, en la medida de lo posible, toda la población se informe con las autoridades y las personas que saben”, sostuvo.
La especialista también remarcó que no hay, por ahora, evidencias que permitan establecer una relación directa entre las muertes y un factor ambiental específico, incluido el cambio climático.
Aunque las alteraciones ambientales pueden formar parte del contexto que los científicos necesitan estudiar, determinar sus efectos requiere investigaciones interdisciplinarias que contemplen factores biológicos, oceanográficos y climáticos.
En ese sentido, insistió en que las conclusiones deben surgir de los análisis y no de teorías sin sustento.
TODAVÍA NO HAY UNA CIFRA DEFINITIVA
Otro aspecto que requiere cautela es la cantidad total de ballenatos muertos durante la temporada.
Uhart explicó que el número definitivo se conocerá cuando finalice el período reproductivo y se complete el relevamiento de la información. Además, señaló que las cifras deben analizarse en relación con el total de nacimientos.
No es lo mismo contabilizar una determinada cantidad de muertes sobre una población reducida que sobre miles de nacimientos. Por eso, los investigadores buscan estimar una tasa de mortalidad que permita dimensionar correctamente el fenómeno y compararlo con temporadas anteriores.
La especialista confirmó que la mortalidad de crías es superior a la observada en otros años, pero consideró prematuro comunicar una cifra final sin contar con una estimación completa.
UNA INVESTIGACIÓN QUE NECESITA TIEMPO Y TRABAJO CONJUNTO
El estudio de estos episodios requiere mucho más que encontrar un ejemplar muerto. Por el tamaño de las ballenas, la toma de muestras demanda un importante esfuerzo físico, logístico y científico. Después, los materiales deben trasladarse a laboratorios especializados para realizar los análisis correspondientes.
Uhart destacó la colaboración de investigadores del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET) y de especialistas de otras instituciones, cuyo aporte resulta fundamental para comprender un fenómeno en el que pueden intervenir múltiples variables.
La médica veterinaria también integra el proyecto Siguiendo Ballenas, que utiliza rastreadores satelitales para estudiar los desplazamientos de estos animales. Ese seguimiento permite observar cómo las madres y sus crías se mueven dentro del Golfo Nuevo y cuándo comienzan sus migraciones hacia las áreas de alimentación.
Según explicó, algunas madres cuyas crías murieron durante este episodio continúan en la zona alimentándose. Los movimientos de los ejemplares son constantes y deben contemplarse al analizar lo que sucede durante la temporada.
La entrevista dejó una conclusión central: la mortalidad es inusual y está siendo investigada, pero todavía no hay una explicación definitiva que permita atribuir todas las muertes a una única causa. (AUDIO)

Mientras avanzan los estudios sobre la bacteria en los ballenatos y las posibles toxinas asociadas a la marea roja en los ejemplares adultos, el mensaje de Uhart es claro: ante un fenómeno que genera preocupación, la información precisa, el monitoreo científico y la prudencia son fundamentales para entender qué está pasando en el Golfo Nuevo.

