Las denuncias por perros que circulan sin supervisión se repiten en distintos barrios de Puerto Madryn. Zoonosis municipal recibe alrededor de cinco avisos diarios por esta situación y también interviene ante casos de mordeduras, que afectan principalmente a niños y personas que realizan actividad física.
Un relevamiento sanitario en el barrio San Miguel estimó 248 perros sueltos en 95 cuadras. Detrás de los números aparece una responsabilidad que no puede recaer solamente sobre los animales ni sobre quienes intentan ayudarlos.
Los perros sueltos en las calles, las playas y los espacios públicos de Puerto Madryn no son una novedad. Lo que preocupa es la persistencia del problema, la cantidad de animales que circulan sin control y las consecuencias que puede tener tanto para ellos como para el resto de la comunidad.
La situación tiene varias aristas: animales abandonados, perros que tienen un hogar pero cuyos responsables los dejan salir a la calle, denuncias por mordeduras, riesgos sanitarios y una red de rescatistas y proteccionistas que trabaja en una problemática que requiere respuestas sostenidas.
La directora de Veterinaria y Zoonosis municipal, Marianela Barbot, confirmó que reciben aproximadamente cinco denuncias diarias por perros sueltos. Según explicó, la mayoría de los animales señalados tiene tutores o cuidadores, aunque no siempre cumplen con sus obligaciones.
La funcionaria mencionó entre los sectores con mayor cantidad de alertas a los barrios Perón, San Miguel, Malvinas y Agroforestal, además de la rambla.
El dato deja al descubierto una cuestión fundamental: no todos los perros que deambulan por la ciudad fueron abandonados. También están aquellos que tienen una familia, pero son dejados en libertad para que recorran las calles sin supervisión.
Y ahí aparece una responsabilidad que no puede trasladarse a los animales ni a los vecinos que deben convivir con las consecuencias.
LOS NÚMEROS QUE PREOCUPAN
Hace algunas semanas, Madryn Urbana publicó los resultados de un relevamiento realizado durante agosto en el barrio San Miguel, donde nueve equipos recorrieron 95 cuadras para estimar la población de perros y gatos.
El trabajo, desarrollado con la participación de equipos de salud, Zoonosis municipal y organismos sanitarios provinciales, estimó la presencia de 248 perros sueltos en el área relevada: un promedio de 2,7 animales por cuadra.
Otro indicador que encendió una señal de alerta fue la cobertura de vacunación antirrábica, que alcanzó solamente al 33% de los perros y gatos relevados, lejos del 80% planteado como objetivo sanitario.
Los resultados no significan que todos esos animales sean agresivos ni que necesariamente vayan a transmitir enfermedades. Sí muestran la dimensión de una situación que requiere prevención, vacunación, esterilización y políticas públicas sostenidas.
La circulación sin supervisión también puede derivar en accidentes de tránsito, mordeduras, rotura de bolsas de residuos, dispersión de basura y conflictos entre animales.
Por eso, contar perros y relevar su situación sirve para dimensionar el problema, pero el paso siguiente es convertir esos datos en acciones concretas.
LAS MORDEDURAS Y EL RIESGO EN LA CALLE
Barbot también confirmó que el municipio recibe denuncias por mordeduras de perros en la vía pública. Entre las personas afectadas mencionó principalmente a niños y a quienes realizan actividad física.
En una ciudad donde caminar, correr y andar en bicicleta forman parte de la vida cotidiana, encontrarse con un perro que persigue, amenaza o muerde puede convertirse en una situación de riesgo.
Pero el problema no se limita a los animales que deambulan por las calles. También puede haber mordeduras cuando un perro saca la cabeza entre las rejas de una vivienda o alcanza a una persona que pasa por la vereda.
Desde Zoonosis explicaron que existe una red de comunicación con el Hospital Isola para actuar ante los ingresos por mordeduras. La intervención es importante porque, ante una exposición de riesgo, debe evaluarse al animal durante los diez días posteriores para descartar rabia, de acuerdo con el protocolo sanitario correspondiente.
La prevención, entonces, no consiste únicamente en evitar ataques. También requiere vacunación, seguimiento de los animales involucrados y responsabilidad de sus cuidadores.
TENER UN PERRO NO SIGNIFICA DEJARLO LIBRE
La referente de la Protectora de Animales de Puerto Madryn, Lidia Moncada, puso el foco en una diferencia que muchas veces se pierde de vista: cuidar responsablemente a un animal no significa solamente alimentarlo o darle un lugar donde dormir.
Implica garantizarle atención veterinaria, vacunación, condiciones adecuadas de alojamiento y socialización, además de evitar que circule sin control y pueda lastimar a otras personas o animales.
Si un perro sale de una vivienda, provoca un accidente o muerde a alguien, su responsable no puede desentenderse de lo ocurrido.
Moncada también cuestionó que se naturalice la presencia de animales atados durante horas, expuestos al sol, la lluvia o el frío, o encerrados permanentemente en espacios inadecuados. El maltrato no se limita a los golpes: las condiciones de vida también importan.
En este escenario, el abandono constituye otra parte del problema. Cuando una familia deja de hacerse cargo de un animal, las consecuencias no desaparecen: el perro queda expuesto a enfermedades, hambre, accidentes y agresiones, mientras que su cuidado suele terminar recayendo sobre vecinos, rescatistas o asociaciones protectoras.
Y no se trata solamente de perros sin raza. También se denuncian animales de razas pequeñas que aparecen en la calle o permanecen durante días sin que nadie se haga cargo de ellos.
Tener un animal es asumir una responsabilidad que dura años. No es una decisión que pueda deshacerse cuando aparecen dificultades, gastos o cambios en la vida familiar.
CASTRACIONES GRATUITAS, PERO TAMBIÉN ACCESIBLES
La reproducción sin control es otro factor que contribuye a sostener el problema. Cuando nacen nuevas camadas y no existen posibilidades de ubicarlas responsablemente, aumenta la cantidad de animales expuestos al abandono.
Moncada recordó la importancia de las campañas gratuitas de castración y vacunación. Sin embargo, señaló que la gratuidad por sí sola no siempre alcanza: hay personas que no cuentan con vehículo para trasladar a sus animales o que tienen dificultades para llevarlos y regresarlos después de una intervención quirúrgica.
Por eso, destacó la importancia de acercar los servicios a los barrios y sostener los dispositivos móviles, de modo que la prevención resulte realmente accesible.
La esterilización, la vacunación antirrábica y la desparasitación deben formar parte de una estrategia integral, acompañada por educación y seguimiento.
También es necesario evitar que los relevamientos sanitarios se conviertan en una forma de estigmatizar a determinados barrios. Conocer la cantidad de animales permite identificar necesidades y orientar recursos; lo importante es que esa información se traduzca en respuestas y no en prejuicios contra quienes viven allí.
NI EL ABANDONO NI EL ENVENENAMIENTO SON LA SOLUCIÓN
La preocupación por los perros sueltos no puede transformarse en una justificación para ejercer violencia contra ellos.
Moncada advirtió sobre los casos de presunto envenenamiento de animales y sostuvo que estas situaciones deben denunciarse e investigarse.
El uso de sustancias tóxicas en la vía pública puede poner en peligro no solamente a perros y gatos, sino también a niños, otros animales y al conjunto de la población.
Ante un posible envenenamiento, la referente recomendó conservar las pruebas disponibles y recurrir a las autoridades. Si ya se realizó una denuncia policial y no hubo respuestas, aconsejó presentarse en Fiscalía con la documentación correspondiente y solicitar que se informe qué medidas se adoptarán.
También recordó que las situaciones de maltrato pueden denunciarse con información concreta, como fotografías, videos, testimonios y la ubicación del lugar donde se encuentra el animal, siempre sin exponerse a situaciones de riesgo.
La discusión de fondo es cómo resolver una problemática que afecta a toda la ciudad sin caer en falsas soluciones. Ni dejar a los animales librados a su suerte ni responder con violencia contribuye a construir una convivencia segura.
UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA, CON OBLIGACIONES CONCRETAS
Los datos están sobre la mesa: cinco denuncias diarias por perros sueltos, cientos de animales estimados en un solo sector de la ciudad y una cobertura antirrábica que necesita mejorar. A eso se suman los casos de mordeduras, el abandono y las dificultades que enfrentan quienes trabajan en el rescate y la protección animal.
La solución no depende de una única medida. Requiere que los responsables de los perros eviten que salgan sin supervisión, que no los abandonen, que cumplan con la vacunación y la castración y que se hagan cargo de las consecuencias de sus actos.
También exige que el Estado sostenga campañas accesibles, fortalezca la prevención, intervenga ante las denuncias y coordine las respuestas sanitarias, administrativas y judiciales que correspondan.
Porque un perro que deambula por la calle puede ser un animal abandonado, pero también puede tener una familia que simplemente abre la puerta y lo deja salir.
Y mientras esa conducta siga naturalizándose, el problema continuará trasladándose a los vecinos, a los espacios públicos, a los propios animales y a quienes intentan rescatarlos.
La tenencia responsable no es una consigna ni una recomendación opcional. Es el punto de partida para cuidar a los animales, prevenir mordeduras y garantizar una convivencia más segura para todos.


