Un relevamiento en el barrio San Miguel detectó un promedio de 2,7 perros sueltos por cuadra y una cobertura antirrábica del 33% en el área estudiada. Desde APAM advierten que esos datos no deben extrapolarse a toda la ciudad y reclaman fortalecer el trabajo coordinado para abordar la problemática.
La presencia de perros sueltos en la vía pública, las mordeduras y la necesidad de avanzar con la vacunación y las castraciones vuelven a poner sobre la mesa una problemática que requiere respuestas sostenidas en Puerto Madryn.
Un relevamiento realizado en el barrio San Miguel, sobre un total de 95 cuadras, registró un promedio de 2,7 perros sueltos por cuadra. Además, el estudio sobre los animales de los hogares relevados arrojó una relación de un animal cada 1,9 habitantes.
Otro dato que encendió una señal de alerta fue la cobertura de vacunación antirrábica: según lo informado por el veterinario Jonathan Saleski, en el área estudiada alcanzaba el 33%, lejos del 80% señalado como objetivo.
Saleski, integrante de la Unidad de Gestión Descentralizada de la Secretaría de Salud provincial en la zona norte de la ciudad, también estimó que en Puerto Madryn se registra, en promedio, una mordedura de perro por día. Se trata de una estimación mencionada durante la entrevista y no de una estadística consolidada presentada en el relevamiento.
El profesional remarcó la importancia de la vacunación, la educación y la tenencia responsable, además de la necesidad de sostener un trabajo conjunto entre los distintos organismos vinculados con la problemática.
En ese sentido, recordó que se realizan vacunaciones antirrábicas gratuitas y que los vecinos pueden acceder a ellas en el Parque Canino Municipal, además de los operativos territoriales que se llevan adelante en distintos sectores.
Si bien en la provincia no se registran casos de rabia urbana, la enfermedad continúa presente en murciélagos, por lo que la prevención y la vacunación siguen siendo fundamentales.
APAM PIDE NO GENERALIZAR LOS RESULTADOS
Desde la Asociación Protectora de Animales de Puerto Madryn (APAM), su presidenta, Lidia Moncada, consideró que los datos del relevamiento pueden aportar información valiosa, aunque advirtió que los resultados obtenidos en un solo barrio no deben tomarse automáticamente como representativos de toda la ciudad.
También planteó que la presencia de perros en un determinado sector no necesariamente significa que todos pertenezcan a familias de ese mismo barrio, ya que algunos animales podrían haber sido abandonados allí.
Para APAM, los relevamientos pueden servir como punto de partida para orientar las intervenciones, identificar necesidades y fortalecer las acciones preventivas. En ese marco, la entidad considera importante articular la vacunación, las esterilizaciones, la información a los vecinos y las políticas de tenencia responsable.
La protectora también plantea la necesidad de mejorar la coordinación entre las áreas municipales y provinciales para sostener una estrategia integral de equilibrio poblacional. En ese sentido, recuerda la existencia de la Ley provincial I-655, vinculada al equilibrio poblacional de perros y gatos, y reclama que su aplicación se traduzca en políticas sostenidas, con alcance territorial y resultados que puedan evaluarse.
El planteo no desconoce las campañas de castración y otras acciones que se realizan en la ciudad, sino que pone el foco en la importancia de articular los esfuerzos y garantizar su continuidad.
Moncada, además, aclaró que no existe un conflicto personal ni profesional con Saleski y que los canales de comunicación siguen abiertos.
EL DESAFÍO: SOSTENER LAS ACCIONES
La problemática de los perros sueltos no se resuelve con una sola medida. Requiere vacunación, esterilizaciones accesibles, identificación de los animales, educación sobre tenencia responsable y mecanismos para prevenir el abandono, además de la intervención de los organismos correspondientes.
El relevamiento de San Miguel aporta información concreta sobre la situación de ese sector. El paso siguiente es determinar cómo se utilizarán esos datos, qué acciones se priorizarán y de qué manera se evaluarán sus resultados.
La pregunta, entonces, va más allá de cuántos perros hay en la calle: ¿cómo se transforman los relevamientos y las campañas que ya se realizan en una política sostenida, coordinada y capaz de dar respuestas a un problema que afecta tanto a los animales como a la convivencia y la salud pública?


