La presentación en Puerto Madryn del libro Perspectiva de género en el litigio penal abrió un debate que excedió lo académico. Desde AMPA advierten sobre retrocesos en políticas públicas, desigualdades que persisten dentro de la Justicia y el avance de respuestas cada vez más punitivas.
Hay palabras que, de tanto ser discutidas, terminan convirtiéndose casi en malas palabras. “Perspectiva de género” parece ser una de ellas.
Sin embargo, la presentación en Puerto Madryn del libro Perspectiva de género en el litigio penal, de la Asociación de Mujeres Penalistas Argentinas (AMPA), volvió a demostrar que detrás de esas palabras existe una discusión concreta: cómo funciona la Justicia, quiénes ocupan los espacios de decisión, qué políticas sostiene el Estado y qué respuestas se ofrecen frente a la violencia y la desigualdad.
La actividad se realizó en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y contó con la participación de la presidenta y fundadora de AMPA, Mariana Barbitta, junto con referentes del ámbito judicial y académico local.
El abogado Juan Carlos Morando,vicedecano a quien se le regaló un libro para la biblioteca de la universidad. La presentación la hizo el Dr. Lucio Bronde, defensor jefe de Puerto Madryn; la Dra. Patricia Reyes, que formó parte de la obra colectiva donde se recolectaron estos 10 años de encuentro con temas que todavía están vigentes y que es un libro de consulta para todos los profesionales. Estaba también presente Patricia De Reatti, que es la tesorera, de la asociación en representación de la comisión.
Y lejos de ser una presentación protocolar, el encuentro terminó generando un intenso intercambio con estudiantes, profesionales y asistentes.
“Las expectativas fueron totalmente superadas”, contó Barbitta al día siguiente, destacando no solamente la cantidad de personas presentes sino, especialmente, “la calidad de las preguntas” que surgieron durante el debate.
QUINCE AÑOS DE UNA DISCUSIÓN
AMPA nació en 2012 a partir de la necesidad de generar un espacio para mujeres vinculadas al derecho penal: abogadas, juezas, defensoras públicas y fiscalas.
Desde entonces, la asociación recorrió distintas provincias y realizó 15 encuentros nacionales, abordando cuestiones que fueron cambiando con el tiempo pero que tienen un eje común: la relación entre género y sistema penal.
El libro presentado en Madryn recoge parte de ese recorrido y reúne trabajos vinculados, entre otros temas, con la legítima defensa en contextos de violencia de género, la interrupción voluntaria del embarazo, las políticas públicas y los derechos de las víctimas.
Pero el presente volvió inevitable la discusión.
Barbitta reconoce avances en la participación de las mujeres en el ámbito profesional, aunque advierte que el acceso a los máximos niveles de decisión continúa mostrando una desigualdad evidente.
“Las cabezas siguen siendo varones”, sostuvo al referirse a la Justicia.
Para la titular de AMPA, esa desigualdad no es una interpretación ideológica sino una realidad que también está contemplada en los compromisos internacionales asumidos por la Argentina.
“NO ES UNA MALA PALABRA”
La definición que atravesó la presentación podría resumirse en una frase: “Hablar de perspectiva de género no es una mala palabra”.
Barbitta cuestionó el cierre del Ministerio de Mujeres y el cierre o desfinanciamiento de programas vinculados con la asistencia a víctimas y la trata de personas.
También expresó preocupación por lo que considera un cambio de clima respecto de derechos y políticas que durante los últimos años habían adquirido institucionalidad.
“Sí hubo consecuencias, por eso tenemos que estar alertas”, afirmó.
Pero hubo una aclaración importante: perspectiva de género no significa reclamar más cárcel.
La presidenta de AMPA se definió como feminista, pero explícitamente “no punitivista”. En su mirada, el derecho penal no puede solucionar por sí mismo conflictos profundamente arraigados en una cultura machista y patriarcal.
Por eso coloca el foco en otro lugar: prevención, educación y políticas públicas.
La ESI y la Ley Micaela aparecen, en ese esquema, como herramientas destinadas a modificar conductas y estructuras antes de que el conflicto llegue al sistema penal.
EL NUEVO RÉGIMEN PENAL JUVENIL, OTRA ALERTA
La entrevista también llevó la discusión hacia un tema que hoy genera especial preocupación: el nuevo régimen penal juvenil y la reducción de la edad de punibilidad.
Barbitta fue crítica con esa modificación y puso el foco en el riesgo de que el encierro termine transformándose en la respuesta predominante frente a adolescentes en conflicto con la ley penal.
También cuestionó si el país cuenta realmente con las condiciones necesarias para que una pena privativa de libertad pueda cumplir con una finalidad de reinserción.
Su respuesta fue contundente: “Ya el encierro de por sí fracasa”.
Desde su perspectiva, antes que pensar exclusivamente en la sanción hay que trabajar sobre las condiciones que atraviesan niños, niñas y adolescentes y que pueden llevarlos al conflicto con la ley: educación, prevención y políticas públicas.
Y planteó un dato que también interpela al sistema: la necesidad de evitar que una modificación legislativa termine ampliando la cantidad de jóvenes alcanzados por el sistema penal sin resolver las causas profundas del problema.
EL DEBATE NO TERMINÓ CON LA PRESENTACIÓN
Quizás allí esté el verdadero valor de la jornada realizada en Madryn.
El libro fue la excusa para volver a discutir cuestiones que en los últimos tiempos dejaron de ocupar el centro de la agenda pública, pero que siguen presentes en tribunales, escuelas, hogares y espacios de decisión.
La discusión sobre género no desaparece porque deje de ser tendencia.
Tampoco desaparecen las desigualdades porque cambie el discurso político.
Y, como quedó planteado durante el encuentro, tampoco alcanza con aumentar las penas si no se trabaja sobre las causas que generan violencia y exclusión.
Quince años después de la creación de AMPA, la discusión continúa.
Y quizás el dato más significativo sea precisamente ese: que todavía haya que explicar por qué hablar de igualdad, derechos y perspectiva de género no debería ser una mala palabra.




