Tras tres años de trabajo en el litoral provincial, el Proyecto MaRes presentó resultados que exponen con claridad una problemática ambiental crítica: la contaminación plástica de origen pesquero en las costas de Chubut supera el 90% del total de residuos relevados.
La iniciativa, impulsada por el Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia con financiamiento de la Unión Europea, articuló acciones con el Gobierno provincial, la Administración de Parques Nacionales y diversas organizaciones científicas y ambientales. En ese marco, el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) tuvo un rol central en el abordaje de esta problemática en Chubut.
UN ESCENARIO INVERSO AL GLOBAL
Mientras a nivel mundial la mayor parte de los residuos plásticos marinos tiene origen continental, en Chubut la situación es inversa. Los relevamientos realizados en el marco del proyecto evidenciaron que redes, cabos, guantes y principalmente cajones de pescado constituyen la mayor parte de los desechos.
Este fenómeno se vincula con el crecimiento sostenido de la actividad langostinera, que incrementó notablemente los volúmenes desembarcados en los puertos provinciales durante la última década.
Desde el ICB advirtieron que el problema no puede abordarse de manera aislada. “Se requiere mejorar la gestión de residuos y fortalecer buenas prácticas a lo largo de toda la cadena productiva”, señaló su presidente, Diego Taboada.
DIAGNÓSTICO, INTERVENCIÓN Y PREVENCIÓN
El proyecto combinó distintas herramientas para dimensionar y enfrentar el problema. Entre ellas, relevamientos aéreos sobre más de 1.300 kilómetros de costa permitieron identificar zonas críticas de acumulación de residuos, optimizando así las tareas de limpieza y monitoreo.
En paralelo, se realizaron operativos en sectores de alta sensibilidad ecológica como Playa Cormoranes, Isla Leones y Caleta San Roque, donde se retiraron más de 20 toneladas de residuos plásticos. Gran parte de ese material pudo ser reincorporado a circuitos de reciclado.
También se avanzó en la elaboración de un protocolo específico para limpiezas en áreas protegidas, actualmente en evaluación por organismos provinciales.
PUERTOS, EDUCACIÓN Y ECONOMÍA CIRCULAR
Otro eje clave fue la intervención en puertos, especialmente en Rawson, donde se instaló un “Punto Limpio” para la recepción diferenciada de residuos, acompañado de señalización para promover buenas prácticas.
A esto se sumaron capacitaciones que alcanzaron a más de 350 personas vinculadas al sector pesquero y organismos públicos, con foco en la prevención y manejo adecuado de residuos.
En materia de economía circular, el proyecto impulsó acuerdos y recomendaciones para mejorar la trazabilidad de los materiales y su reinserción en el sistema productivo.
UN DESAFÍO QUE CONTINÚA
Desde el equipo técnico remarcaron que los avances logrados representan una base sólida, pero advirtieron que el desafío ahora es sostener y escalar estas acciones mediante políticas públicas y compromiso del sector.
En esa línea, Roxana Schteinbarg subrayó que “la protección del océano requiere intervenir sobre las actividades humanas que lo afectan, con soluciones construidas junto a las comunidades”.





