La situación de las personas mayores en Puerto Madryn es crítica y merece una respuesta inmediata y contundente.
El reciente anuncio del gobernador de enviar un proyecto de ley para la protección integral de los mayores, lejos de traer esperanza, ha despertado indignación y frustración. ¿La razón? La total ignorancia y desidia respecto a la ley I-193, vigente desde diciembre de 1997, que convirtió a Chubut en pionera en la protección integral y promoción de la tercera edad. Esta ley, aún vigente, ha sido sistemáticamente ignorada por las autoridades, y la falta de actualización es solo una muestra más del abandono que sufren nuestros viejos y viejas.
El Consejo de Adultos Mayores de Puerto Madryn reaccionó con rapidez, recordando a las autoridades la existencia de esta ley. Su preocupación es clara y justificada: ¿cómo puede ser que las autoridades gubernamentales desconozcan una ley vigente que debería garantizar los derechos y la dignidad de las personas mayores? No se trata solo de falta de actualización, sino de un desprecio absoluto por su aplicación y cumplimiento.
Pero lo más alarmante es la situación en el Prosate de Puerto Madryn, donde desde el jueves pasado no hay calefacción debido a la explosión de la caldera. Estamos en pleno invierno, con temperaturas bajísimas, y los adultos mayores que necesitan atención se ven obligados a soportar condiciones inhumanas. La falta de mantenimiento y la desidia son evidentes, y no pueden justificarse bajo ninguna administración política. Es inadmisible que nuestros mayores sean tratados con tal desprecio, obligados a pasar frío en un centro asistencial que debería garantizarles un mínimo de confort y dignidad.
La ministra de Familia, Florencia Papaiani, ha reaccionado convocando a una reunión para el viernes próximo en el Concejo Deliberante, junto a la directora de la tercera edad de la provincia, Mariela Martínez, y el Consejo de Adultos Mayores, a la cual también asistirá el responsable del Prosate en Madryn, el médico Fernando Bosch.
Sin embargo, esta reunión solo es un paso más, y no podemos quedarnos solo con promesas. Los mismos empleados del Prosate han levantado la voz, denunciando el destrato que ellos mismos enfrentan, obligados a poner la cara frente a los mayores que acuden en busca de atención.
Se neesitan –y habría que exigir- acciones concretas y urgentes. Es momento de que las autoridades demuestren con hechos, y no con palabras vacías, su compromiso con la protección y el respeto de nuestras personas mayores. La ley I-193 debe ser actualizada y aplicada, y el Prosate de Puerto Madryn debe ser reparado y mantenido en condiciones óptimas. No podemos permitir que la desidia y el abandono sigan marcando la vida de nuestros viejos y viejas. ¡Es hora de actuar, con energía, con reclamo y con fastidio justificado!




