Los hallazgos se repiten en distintas playas del Golfo Nuevo, mientras científicos y autoridades intentan establecer la dimensión real del fenómeno y determinar sus causas. No hay todavía una cifra definitiva de ejemplares muertos ni una explicación concluyente. La preocupación alcanza también a los prestadores de avistaje embarcado, que advierten cambios en la dinámica de la temporada.
La aparición de ballenas muertas en la costa de Puerto Madryn y otros sectores del Golfo Nuevo continúa, incluso en plena temporada de avistaje. Cada nuevo hallazgo vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que, por ahora, sigue sin respuesta: ¿qué está provocando esta inusual mortandad de ballenatos?
La situación preocupa por la cantidad de crías encontradas sin vida y por la continuidad de los casos. Sin embargo, todavía no existe un recuento definitivo que permita establecer cuántos animales murieron durante esta temporada.
Las estimaciones que circulan públicamente deben tomarse con cautela. Los investigadores necesitan consolidar los registros, verificar los ejemplares hallados y evitar posibles duplicaciones en los conteos. Un mismo animal podría quedar registrado en más de una oportunidad, por lo que sumar los reportes sin una verificación adecuada podría ofrecer una dimensión equivocada del fenómeno.
Según las previsiones de los investigadores, una evaluación más precisa podría conocerse al finalizar la temporada, cuando se hayan procesado y contrastado los datos disponibles.
Mientras tanto, las ballenas muertas siguen apareciendo en las playas y los equipos especializados continúan con las tareas de relevamiento, toma de muestras y análisis. La falta de una cifra definitiva no disminuye la gravedad de lo que está ocurriendo: impide, por ahora, dimensionarlo con exactitud.
UNA BACTERIA BAJO INVESTIGACIÓN Y VARIAS HIPÓTESIS ABIERTAS
Entre las líneas de investigación aparece la posible intervención de Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria capaz de provocar infecciones graves en distintos animales, incluidos los cetáceos.
Los estudios sobre muestras obtenidas de ejemplares muertos buscan determinar qué papel pudo haber tenido este microorganismo en los casos registrados. Pero identificar una bacteria no alcanza, por sí solo, para explicar por qué se produce una mortandad de estas características ni por qué afecta especialmente a las crías.
Una de las hipótesis que circulan apunta a las lesiones que provocan las gaviotas con sus picotazos sobre el lomo de las ballenas. Esos ataques, conocidos en la región, pueden generar heridas en la piel. Se plantea que podrían facilitar el ingreso de microorganismos al organismo, aunque todavía no está demostrado que ese mecanismo explique la mortandad actual.
También se analizan posibles factores ambientales y la eventual participación de biotoxinas asociadas a floraciones algales nocivas, conocidas popularmente como marea roja.
En 2022, un episodio de estas características estuvo vinculado con la muerte de 30 ballenas francas australes en el Golfo Nuevo. Sin embargo, no corresponde atribuir automáticamente las muertes de esta temporada a la misma causa: cada episodio requiere estudios específicos y evidencias que permitan establecer qué ocurrió.
La posibilidad de que determinadas condiciones ambientales favorezcan la presencia o la actividad de microorganismos también forma parte de las preguntas que deben responder los especialistas.
Por ahora, ninguna explicación debe presentarse como definitiva. Las hipótesis pueden orientar el trabajo científico, pero serán los análisis de laboratorio y la evaluación conjunta de las evidencias los que permitan avanzar hacia un diagnóstico.
LA PREOCUPACIÓN TAMBIÉN LLEGA A LOS AVISTAJES EMBARCADOS
Las consecuencias de esta situación no se limitan a la conservación de la fauna. También comienzan a sentirse en una actividad fundamental para el turismo de la región: los avistajes embarcados de ballenas en Puerto Pirámides.
Un prestador con muchos años de trayectoria en la actividad explicó a Madryn Urbana que existe preocupación por la posible repercusión de la pérdida de crías sobre la presencia de ejemplares en las áreas habituales de avistaje.
Cuando una hembra pierde a su cria, puede abandonar el área de reproducción y crianza antes de lo previsto y dirigirse hacia las zonas de alimentación. Si ese comportamiento se repite en numerosos ejemplares, podría reducirse la cantidad de ballenas presentes en el área donde operan las embarcaciones.
Según el testimonio recogido, los prestadores advierten que localizar grupos de animales puede demandar más tiempo de navegación que en condiciones habituales. La situación se suma a un comienzo de temporada en el que el número de ejemplares observado en el primer censo aéreo ya había sido inferior al registrado el año anterior.
Ante las dificultades, los operadores comenzaron a colaborar entre sí de manera espontánea. Cuando una embarcación localiza un grupo de ballenas, comparte la información con los demás prestadores para facilitar su ubicación y evitar recorridos innecesariamente prolongados.
Es una respuesta práctica frente a un escenario que modifica la dinámica cotidiana de la actividad. Quienes navegan diariamente el Golfo Nuevo aportan así una mirada directa sobre los cambios que observan en el agua, aunque el impacto definitivo sobre los avistajes todavía deberá evaluarse.
La preocupación de los prestadores se suma a la de investigadores y autoridades. La ballena franca austral es el principal atractivo turístico de la zona y forma parte de la identidad de Puerto Madryn y Península Valdés. Por eso, comprender lo que está ocurriendo resulta fundamental tanto desde el punto de vista ambiental como para una actividad económica estrechamente vinculada con la especie.
UN CENSO QUE APORTA CONTEXTO, PERO NO EXPLICA LAS MUERTES
El fenómeno se produce en una temporada en la que el primer censo aéreo de ballenas de 2026 registró menos ejemplares que el relevamiento del año anterior.
El conteo realizado el 6 de septiembre contabilizó 1.375 ballenas francas australes, de las cuales 409 eran crías. En 2025 se habían registrado 2.110 ejemplares y más de 800 ballenatos, según los datos difundidos públicamente por investigadores.
Estas cifras corresponden a relevamientos realizados en momentos determinados y deben interpretarse con prudencia. Por sí solas, no permiten concluir que exista una disminución permanente de la población ni explicar las causas de la mortandad actual.
Tampoco deben confundirse las crías contabilizadas durante un censo con la cantidad de ballenatos muertos a lo largo de toda la temporada. Son registros diferentes y requieren evaluaciones específicas.
El dato sí aporta contexto sobre una temporada que ya mostraba diferencias respecto de la anterior y en la que la aparición reiterada de ejemplares muertos genera una preocupación adicional.
LA URGENCIA DE CONOCER QUÉ ESTÁ PASANDO
La aparición de ballenas muertas en las playas del Golfo Nuevo exige atención, seguimiento y respuestas. Pero también demanda responsabilidad al comunicar, especialmente cuando todavía no se conoce la dimensión exacta del fenómeno ni se ha establecido una causa definitiva.
Los investigadores continúan analizando las muestras obtenidas durante las necropsias y otras tareas de monitoreo. La expectativa está puesta en los resultados de laboratorio, que deberán ayudar a determinar si existe un agente infeccioso involucrado, qué factores pudieron favorecer el episodio y por qué las crías parecen ser las más afectadas.
Mientras tanto, cada nuevo ejemplar encontrado en la costa vuelve a poner de manifiesto la necesidad de sostener los relevamientos y de mantener informada a la comunidad.
Ante el hallazgo de una ballena muerta, la recomendación es no tocar los restos ni permitir que las mascotas se acerquen. Se debe dar aviso a la Red de Fauna Costera de Chubut, a Prefectura Naval Argentina o a Defensa Civil para que intervengan los equipos correspondientes.
La temporada todavía tiene preguntas importantes sin responder. No hay, por ahora, un número definitivo de animales muertos ni certezas suficientes para atribuir el fenómeno a una única causa.
Lo que sí está ocurriendo es visible: las ballenas muertas siguen apareciendo en las costas y la investigación continúa. El desafío es determinar qué está pasando en el Golfo Nuevo, con información rigurosa y sin minimizar una situación que preocupa a toda la comunidad.





