TRASLADARON A MARTIN ESPIASSE A UN CENTRO DE MAXIMA SEGURIDAD. INUSUAL OPERATIVO DEL SERVICIO PENINTENCIARIO FEDERAL

Martín Alejandro Espiasse Pugh, fue trasladado de Chubut al penal de Marcos Paz para ser encerrado en un régimen de máxima vigilancia el mismo día que la Corte Suprema rechazó su apelación.

Este delincuente fue condenado a perpetua por asesinar en 2009 a dos policías y acumular explosivos y armas para sembrar terror en el país. Ahora cumplirá su condena bajo el Sistema de Gestión para Presos de Alto Riesgo.

Este operativo se realizó en conjunto entre el Servicio Penitenciario Federal, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y el Ministerio de Defensa, a través de la Fuerza Aérea Argentina, en coordinación con las fuerzas de seguridad.

Si bien como habitualmente sucede la ministra Bullrich de cada acción de su ministerio hace una historia de mucho ruido, en realidad lo único que se trató es del traslado de “Banana” a otro centro de detención.

Vale la pena recordar:

Escribe  Facundo Di Génova en el diario La Nación del 18 de diciembre de 2021:

CUATRO IDENTIDADES FALSAS, UNA NOVIA ENGAÑADA Y UNA FUGA DE PELÍCULA: LA HISTORIA DE MARTÍN “BANANA” ESPIASSE

Se hizo famoso tras protagonizar un escape legendario de la cárcel de Ezeiza, hace ocho años; tiempo después fue hallado en Mendoza

LA HISTORIA DEL FUGITIVO MÁS BUSCADO DEL PAÍS, FINALMENTE CONDENADO A CADENA PERPETUA EN 2017

Martín Alejandro Espiasse Pugh también se hace llamar Matías Nicolás Lago González, pero esta es solo una de sus cuatro identidades falsas.

Con ese nombre trucho fue condenado por la Justicia por robar a punta de ametralladora una fábrica de camperas en Godoy Cruz, mientras estaba prófugo por el asalto al Ministerio de Economía de Chubut en Rawson, que terminó con el asesinato de dos policías.

Lo apodaban Banana y los agentes de la ley se la habían jurado.

Espiasse Pugh se había hecho famoso tras su fuga en 2013, cuando se escapó la cárcel de máxima seguridad de Ezeiza junto a otros 12 presos, un hito que hizo tambalear a la cúpula del Servicio Penitenciario Federal y que lo catapultó entre los mejor valorados del gremio del hampa.

Estuvo prófugo cuatro años, hasta que la Policía de Mendoza lo capturó en 2017 y encontró su búnker con decenas de armas pesadas, una plantación de marihuana y 22 barras de gelignita, un explosivo de alto poder.

Durante el tiempo que huyó, vivió con al menos cuatro identidades falsas y tenía una novia 20 años menor a la que le mentía y maltrataba. Ella jamás supo que su pareja era, efectivamente, Banana Espiasse.

Esos años son un agujero negro en su historia. Se dice que protagonizó un asalto de película a un camión blindado en el sector de cargas del aeropuerto internacional Arturo Merino Benitez de Chile, liderando una banda de seis delincuentes, otro mito del hampa y de la radio policial que, efectivamente, nunca se probó.

Sí se demostró que Espiasse fue el cerebro y una de las manos ejecutoras del asalto que terminó con el doble crimen del robo del Ministerio de Economía en Rawson. Por ese delito fue condenado a prisión perpetua.

Lo encontraron cuando intentó escapar tras ser atrapado bajo el nombre de Lago González, en la capital de Mendoza: corrió desde un hospital entre patrulleros para lanzarse a un canal vacío de hormigón, un salto de más de cinco metros que podría haberlo matado.

Sobre él pesaba un pedido de captura dictado por la justicia federal. Los detectives lo buscaban por todas partes. El ministerio de Justicia distribuyó un póster con su cara y una recompensa de 500.000 pesos, o 27.000 dólares de la época. Una retribución harto jugosa.

La cifra, destinada “a aquellas personas que brinden datos útiles y que sirvan para dar con el paradero” del prófugo, tentó a varios elementos de su mismo gremio, naturalmente del escalafón menos valorado: buches traidores de diálogo frecuente con los agentes de la ley.

A Banana Espiasse le quedaba poco tiempo en libertad.

EL DUELO FINAL

Es diciembre de 2017 y de repente, en algún lugar de la provincia de Mendoza, se oye:

–Quedate quieto, Martín, o te tiro.

La voz pertenece al subcomisario Miguel Salinas, oficial de la Policía de Mendoza, y el duelo recuerda al legendario enfrentamiento entre el comisario Evaristo Meneses y el pistolero José María Hidalgo, pero esta vez la historia tiene otro desenlace y así lo cuenta el libro El trueno en la sangre: biografía criminal de Martín Banana Espiasse (Rara avis, 2021).

“Espiasse estaba armado, tenía su pistola en el bolsillo. Podría haber desenfundado para jugarse la chance y tirar a matar en un último plano americano, pero se entregó. Fue la mayor paradoja de su vida”, escribe el autor Federico Fahsbender.

Después de cuatro años de investigación con decenas de entrevistas y el análisis de documentos judiciales e informes de inteligencia criminal, el periodista reconstruye la figura de Espiasse con una trama clásica, centrándose en la vida del hombre que pasó más de la mitad de su vida en la sombra y que acumula tres condenas en su contra: “Un preso turbulento con un largo historial de colchones incendiados y riñas con puñales”.

 “Durante más de 20 años de crímenes sin arrepentimiento, Martín Alejandro Espiasse peleó una guerra de un solo hombre contra el Estado”, puede leerse en El trueno en la sangre.

Jamás se había rendido con una pistola en la mano: “Podría haber muerto como en un western, acribillado por la ley con esa gloria intangible y sucia del hampa”.

Agrega el portal Infobae al publicar el traslado de “Banana” a Marcos Paz:

En prisión, donde pasó casi la mitad de su vida, lideró motines, ataques a puñaladas, incendió su colchón en protesta, un preso indomable, reconocido por otros pesados que olfateaban su jerarquía. Su último combate tumbero ocurrió a mediados de 2021 en el penal federal de Resistencia, Chaco, donde resistió un recuento de pabellón a punta de cuchillo, contra una tropa de penitenciarios armados. Luego, lo trasladaron de vuelta a su provincia, al penal federal de Rawson, en donde vivió durante los últimos dos años.

Este último viernes, por orden del Servicio Penitenciario Federal, Espiasse volvió a Marcos Paz, un penal que conoce bien, donde protagonizó varios hechos de violencia. Viajó en un vuelo de la Fuerza Aérea que aterrizó en el aeropuerto de El Palomar, rodeado de efectivos del SPF y la PSA.

Al tuitear sobre el traslado, la ministra Patricia Bullrich lo llamó “narcoterrorista”, a pesar de que nunca se le comprobó un acto de terrorismo o se lo condenó por ello, mucho menos por menudeo de cogollos: las plantas de marihuana en su búnker eran para su voraz consumo personal.

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