Una decisión judicial sobre las condiciones de detención terminó convertida, en buena parte de los titulares, en otra historia sobre Mariel Suárez y el beso a un preso. ¿Estamos contando la decisión o estamos contando nuevamente a la jueza?
El dato duro es otro.
Seis personas detenidas en la Seccional Sexta de Comodoro Rivadavia reclamaron por las condiciones de alojamiento. La Defensa Pública intervino y constató la situación. Se realizó una audiencia judicial en la que participaron representantes de la Fiscalía, del Ministerio de Seguridad, autoridades policiales, la Defensa Pública y los propios detenidos.
La cuestión era concreta: las personas alojadas en esa dependencia disponían hasta entonces de aproximadamente una hora diaria fuera de sus celdas para realizar tareas de aseo, limpieza y esparcimiento.
A partir del planteo se acordó una ampliación progresiva de ese tiempo, que podría llegar hasta unas seis horas diarias, de acuerdo con las características de cada detenido y las condiciones de seguridad y organización de la dependencia.
Ese es el hecho.
Pero alcanza con mirar los titulares para advertir otro fenómeno.
“La jueza que besó a un preso…”
“La jueza que había sido destituida…”
“Tras su polémica restitución…”
“El pasado de la jueza…”
El antecedente aparece una y otra vez como puerta de entrada a una decisión que, en realidad, involucró a varios actores del sistema judicial y de seguridad.
Y acá aparece una cuestión que no tiene que ver solamente con Mariel Suárez.
Tiene que ver con cómo construimos una noticia.
Porque una persona puede tener antecedentes públicos, puede haber protagonizado hechos polémicos y puede haber sido sometida a un proceso disciplinario. Todo eso puede y debe ser informado cuando resulta pertinente.
Pero también existe el riesgo de que el antecedente termine funcionando como una etiqueta permanente.
Y cuando eso ocurre, el lector puede terminar recibiendo una información distorsionada por el personaje.
¿Qué queda entonces fuera de cuadro?
Queda fuera de cuadro que el reclamo no comenzó con la jueza.
Comenzó con personas detenidas.
Queda fuera de cuadro que intervino la Defensa Pública.
Queda fuera de cuadro que hubo una inspección y una audiencia.
Queda fuera de cuadro que participaron Fiscalía, Seguridad, Policía y Defensa.
Y queda en un segundo plano la pregunta que originó todo: ¿qué condiciones de detención estamos aceptando cuando una persona pasa prácticamente todo el día encerrada en una celda?
La legislación argentina reconoce derechos a las personas privadas de su libertad y establece obligaciones para el Estado. El debate, entonces, puede ser perfectamente otro: cómo garantizar esos derechos, cómo hacerlo sin comprometer la seguridad, qué recursos necesita la Policía y cómo deben organizarse las dependencias que alojan detenidos.
Eso también es noticia.
Y hay otro antecedente que conviene contar completo.
En junio de este año, el Superior Tribunal de Justicia de Chubut anuló por unanimidad la sentencia del Tribunal de Enjuiciamiento que había destituido a Suárez y ordenó su restitución. El fundamento central estuvo vinculado con la garantía de imparcialidad del procedimiento, particularmente por la intervención previa de Daniel Báez en distintas etapas del proceso. El propio STJ aclaró que su decisión no constituía un pronunciamiento sobre la responsabilidad o inocencia de Suárez respecto de los hechos que habían originado el jury.
Eso también forma parte de la historia.
Por eso no se trata de defender a Mariel Suárez.
Se trata de no convertirla en la noticia cuando la noticia es otra.
Podemos discutir la decisión judicial.
Podemos preguntarnos si seis horas de recreo son suficientes, cómo se garantizará la seguridad, qué recursos tiene la Seccional Sexta y qué responsabilidad corresponde a cada organismo.
Podemos incluso cuestionar a la propia jueza.
Pero para hacer cualquiera de esas cosas primero hay que contar qué ocurrió realmente.
Porque si cada vez que aparece el nombre de una persona recurrimos a su episodio más escandaloso para titular una noticia nueva, corremos el riesgo de que el antecedente termine reemplazando al hecho.
Y eso no es solamente un problema de Mariel Suárez.
Es un problema de cómo hacemos periodismo.

