La reunión celebrada este miércoles en la Secretaría de Trabajo terminó sin acuerdo y con acusaciones cruzadas. El gremio denunció que las empresas elevaron aún más sus exigencias, pese a las concesiones otorgadas por el gobierno.
La negociación entre las cámaras empresarias del sector pesquero y el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) volvió a naufragar. Tras un cuarto intermedio que había generado ciertas expectativas, el encuentro realizado este miércoles en la sede de la Secretaría de Trabajo de la Nación terminó abruptamente, sin acuerdo y con un clima de creciente tensión.
El conflicto se centra en la ecuación de costos del sector congelador tangonero, particularmente en torno al ítem «producción», que integra el sueldo complementario de los tripulantes. Inicialmente, las empresas pretendían reducir en un 30% ese componente salarial argumentando falta de rentabilidad, especialmente en el segmento de langostino congelado a bordo.
Para evitar una baja nominal en los salarios, el Gobierno ofreció una compensación a través de beneficios fiscales: propuso reducir las cargas patronales aplicables al 70% del ítem producción, transformándolo en no remunerativo, de modo que sólo el 30% restante quede alcanzado por los aportes. Esta propuesta, según fuentes gremiales, representaba un alivio del orden del 12% sobre el total de costos empresariales.
La medida fue bien recibida por ambas partes y parecía encaminar la solución. Sin embargo, en el tramo final de la reunión, las cámaras empresariales introdujeron una nueva exigencia: solicitaron fijar el valor del dólar de liquidación de producción en 850 pesos, por fuera del tipo de cambio oficial, lo que en términos prácticos significaría una devaluación encubierta del salario de los trabajadores.
«Ahora están pidiendo más de lo que pedían al principio. Es inentendible. Si ya se les había dado lo que reclamaban, ahora meten un valor de dólar dibujado que no estaba en discusión», señaló un dirigente sindical presente en la negociación.
La respuesta del SOMU fue contundente: se retiraron de la mesa y anunciaron que no negociarán bajo esas condiciones. “Fue un rotundo no”, resumieron. Desde el gremio advirtieron además que no prestarán mano de obra para las mareas que deben realizarse para sostener los permisos de pesca, lo que pone en jaque inmediato la zarpada de la flota congeladora.
En el sector circuló además la versión de que se habría suspendido la prospección de langostino y que las tratativas con los fresqueros —que venían más avanzadas— también podrían verse afectadas por el nuevo impasse.
Mientras tanto, la temporada sigue demorada y la actividad económica vinculada a la pesca se resiente en varias localidades patagónicas. La falta de acuerdos deja en evidencia las tensiones entre el intento oficial de sostener el empleo y la presión empresarial por maximizar márgenes en un escenario económico aún inestable.

