La nueva escuela proyectada para el barrio Presidente Perón dejó de ser un anuncio y pasó al terreno de los hechos. En las últimas horas se firmó el acuerdo que habilita su construcción y, si no hay desvíos, la obra podría comenzar en el corto plazo en la zona oeste de Puerto Madryn.
Hasta ahí, la noticia.
Pero el dato que merece detenerse está en otro lado: quién empuja realmente el proyecto.
La iniciativa se apoya en dos decisiones clave del sector privado. Por un lado, la empresa San Miguel S.A. donó sin pedir nada a cambio un predio de más de 30.000 metros cuadrados, en un sector donde el crecimiento urbano viene corriendo más rápido que los servicios. Por otro, la Fundación Aurora Austral —impulsada por Aluar— asumió el diseño y la construcción del complejo educativo, replicando un modelo que ya tiene antecedentes concretos.
El esquema es claro y, en estos tiempos, cada vez más frecuente: el privado pone el terreno, financia y ejecuta la obra —a través de la constructora Infa— y el Estado aparece después, garantizando que la escuela funcione.
En este caso, la Municipalidad de Puerto Madryn se hará cargo de la administración y los costos operativos, mientras que el Ministerio de Educación de Chubut aportará docentes y personal no docente. Es decir, la escuela será pública, gratuita y formalmente estatal, pero su origen está lejos de serlo.
El proyecto contempla niveles inicial, primario y secundario, con una propuesta que busca no solo escolarizar, sino también vincular a los estudiantes con su entorno y generar herramientas para el mundo laboral.
Ahora bien, en una ciudad que crece a un ritmo sostenido —y donde la demanda educativa viene marcando la agenda hace años— la pregunta aparece casi sola: ¿cuántas de estas respuestas llegan por planificación estatal provincial y cuántas terminan dependiendo de la iniciativa municipal o privada?
La obra, sin dudas, suma. Y en un barrio que la necesita, probablemente llegue en el momento justo.
Pero también deja expuesto un esquema que ya no parece excepcional, sino cada vez más habitual en Puerto Madryn.
Una escuela más, sí.
Pero también una señal.




