Más de 50 familias de Puerto Madryn recibieron estufas construidas con hierro y ladrillos, en el marco del Plan Calor. Una respuesta concreta para hogares que atraviesan el invierno sin acceso a las redes de gas y que, en muchos casos, forman parte de asentamientos que poco a poco comienzan a organizarse como barrios.
Encabezo el acto de entrega el intendente Gustavo Sastre, acompañado de funcionarios del área de Desarrollo Humano, de la Oficina de Empleo y vecinos del barrio.
Pero estas estufas tienen una particularidad: no sirven solamente para calefaccionar.
Su diseño incorpora una plancha de hierro en la parte superior que permite cocinar, calentar agua o mantener alimentos a temperatura. En la parte frontal cuentan con una puerta para colocar leña o briquetas y, en la inferior, con un cajón recolector de cenizas que facilita la limpieza.
Detrás de cada una hay, entonces, mucho más que un artefacto. Hay una necesidad cotidiana y una herramienta que puede ayudar a atravesar el invierno con mejores condiciones.
Y hay también una historia que merece ser contada.
La idea surgió de un vecino, referente del barrio Perón. A partir de esa iniciativa, durante el año pasado, a través de la oficina de empleo, se desarrollaron capacitaciones junto a organizaciones sociales para enseñar a construir estas estufas y generar la posibilidad de replicar la experiencia en otros barrios y espacios de la ciudad.
Así, una idea surgida desde la propia comunidad se convirtió en aprendizaje, capacitación y finalmente en una respuesta concreta para otras familias.
La entrega se realizó en el Centro de Gestión Barrial N° 2, en el barrio Pujol, y fue posible a partir del trabajo articulado entre distintas áreas municipales y los Centros de Gestión Barrial, que mantienen contacto cotidiano con los vecinos y conocen de primera mano muchas de las necesidades que existen en cada sector.
En una ciudad donde todavía hay familias que esperan acceder a servicios básicos como el gas de red, una estufa puede parecer un recurso sencillo. Pero cuando además permite cocinar y cuando detrás de su construcción hay capacitación, trabajo y una iniciativa nacida entre vecinos, adquiere otra dimensión.
Es una respuesta frente al frío. Pero también es una pequeña muestra de cómo una idea comunitaria puede transformarse en una herramienta concreta para otras familias.



