Este miércoles y jueves, la Escuela N° 42 de Puerto Madryn suspendió el dictado de clases, según se informó a las familias, por “tareas de revisión a cargo del personal de Obras Públicas”.
Sin embargo, la escasa información oficial sobre la extensión de la suspensión encendió la preocupación entre los padres y madres de alumnos, quienes comenzaron a indagar hasta obtener una respuesta en fuentes cercanas al ministro de Educación de la provincia del Chubut.
El mensaje que circuló entre las familias indica que el origen del problema fue una pérdida de gas detectada por una portera del establecimiento. Según el propio ministro, se identificó una pérdida en un codo de una cañería externa. “Como no hay que romper nada, supuestamente este jueves ya se estaría reparando, se hace la prueba y si está todo ok, ya estaría solucionado. La empresa el viernes lo repararía”, explicó el funcionario.
La situación contrasta con el mensaje que, casi en simultáneo, emitió el Gobierno provincial a través de una gacetilla de prensa. En el comunicado oficial, se afirma que:
“Garantizar que las clases se desarrollen con normalidad en cada rincón de la provincia es una prioridad para el Gobierno del Chubut, desde el comienzo de la gestión del gobernador Ignacio ‘Nacho’ Torres. Por eso, en ese camino, se puso en marcha el Sistema de Incidencias Escolares, una herramienta de gestión que permite monitorear diariamente los inconvenientes que surgen en los establecimientos educativos y activar una respuesta inmediata. Gracias a la implementación de soluciones modernas y el trabajo articulado, hoy no existen en Chubut escuelas con problemas estructurales que obliguen a suspender clases”.
Sin embargo, la realidad desmiente ese optimismo institucional. No sólo la Escuela N° 42 se vio obligada a suspender el dictado de clases por un problema de gas, sino que en Puerto Madryn —y en distintos puntos de la provincia— se acumulan las denuncias por problemas edilicios, falta de gas, conexiones eléctricas deficientes y mantenimiento precario.
Lejos de ser hechos aislados, estos episodios forman parte de un escenario sostenido de deterioro en la infraestructura escolar, que se manifiesta con interrupciones del ciclo lectivo, reclamos de la comunidad educativa y, en muchos casos, con soluciones transitorias que no abordan las causas de fondo.
La diferencia entre lo que la comunidad educativa vive en las escuelas y lo que el Gobierno comunica en sus partes de prensa vuelve a poner en discusión la política educativa provincial y el verdadero alcance del sistema de monitoreo de incidencias anunciado como novedoso y eficaz.
Mientras tanto, en escuelas como la N° 42, la incertidumbre sigue siendo la norma.



